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En San Juan, el equipo de Núñez se impuso 2-0 con goles de Driussi y Alario. Los de Gallardo buscarán el título y clasificarse a la próxima Libertadores en el partido decisivo que se jugaría el 14, en Córdoba.

Las casi veinte mil personas que hay de River en el estadio San Juan del Bicentenario deliran. La alegría es toda roja y blanca. No es para menos. Su equipo está en otra final. La octava desde que llegó Marcelo Gallardo hace casi dos años y medio. Cantan, se abrazan, festejan esos fanáticos que desbordan de pasión. Y prometen que dentro de dos semanas (sería el jueves 15) van a copar el escenario del partido decisivo de la Copa Argentina, que lo tiene al club de Núñez por primera vez en el último encuentro de esta competencia. Y allí se encontrarán con Rosario Central, el verdugo de las últimas dos ediciones. Y si River llegó ahí fue porque mejoró su juego, tuvo contundencia, se mostró más seguro y liquidó a Gimnasia antes de que finalice el primer tiempo.

River tuvo la posesión de la pelota la mayor parte del tiempo. Porque asumió el protagonismo del encuentro y porque Gimnasia se la cedió buscando replegarse para tapar espacios. D’Alessandro fue el faro que intentó iluminar los caminos del equipo de Gallardo. Por eso, en el ataque millonario casi todas las pelotas pasaban por sus pies. Aunque tuvo intermitencias, se vistió de conductor. Nacho Fernández y Pity Martínez se ofrecieron como segundas guitarras constantemente. Así River fue más prolijo en la salida y en los pases en la zona de generación de juego, pero volvió a exhibir el problema de siempre: la falta de profundidad. Entonces, tuvo que apelar a los tiros desde afuera del área. El Cabezón estuvo cerca con un derechazo colocado que sacó Arias y Pity sorprendió por la derecha para sacar un zurdazo que se fue apenas alto. También apareció Ponzio (le anularon mal un gol) en esa faceta.

Con el correr de los minutos, River se repitió en la búsqueda. Circulación interna y apertura por la izquierda para terminar la jugada con un centro de Martínez. O de Olivera cuando se proyectaba. Lo mismo por la derecha cuando pasaba Moreira. Gimnasia buscaba también explotar las bandas con Ibáñez y Carrera cuando podía. Y por momentos las espaldas de los laterales de River fueron una tentación. Sin embargo, el que le sacó más jugo a la raya fue River. Y lo hizo cuando Nacho Fernández se animó a romper el molde. Se liberó del medio y, por sorpresa, apareció con un desborde por derecha. Driussi, inquieto y desequilibrante, se filtró entre los centrales y definió a la carrera.

Para no quedar desequilibrado en la mitad de la cancha, Martínez hizo un gran despliegue. Retrocedía para ayudar a Fernández y a Ponzio para armar una línea de tres volantes internos. Y D’Alessandro jugó mucho más suelto que otras veces. Si bien no lo modificó de arranque, Gallardo se dio cuenta que el sistema tenía fallas. Por eso, no extrañó que en varios pasajes del partido, River se parara 4-3-1-2, para agruparse mejor en la cancha.

No había asimilado el golpe Gimnasia cuando Ramos se equivocó, Pity Martínez lo aprovechó y mandó un centro preciso para que Alario se reencontrara con el gol. Y para que River vuelva a tener la contundencia que tanto extrañaba. Gimnasia pudo haber descontado pero Herrera no cobró un penal de Moreira a Oreja en el final.

El segundo tiempo le sobró al partido porque Gimnasia estaba muy golpeado. Incluso Gallardo se dio el lujo de sacar a D’Alessandro y a Alario. Ponzio se agigantó en el medio y hasta estuvo cerca de marcar su gol. River se agrupó muy bien en la mitad de la cancha y eso fue clave. Así, se vio siempre un equipo más compacto y más ordenado en el medio.

Por eso, a diferencia de otros partidos, anoche River exhibió seguridad y alejó los fantasmas. Cerró el partido sin inconvenientes y se metió en otra final. La octava con Gallardo. Nada menos.

Fuente: Clarin