Hemos enviado la contraseña a su correo electrónico.

Pese a que desde muchos municipios a lo largo del país se desalienta su uso, las ventas por pirotecnia no caen, aunque si las elecciones de los consumidores. Por año, más de mil personas deben ser atendidas por heridas causadas por pirotecnia en el país.

Los cielos iluminados son una tradición de las Fiestas, pero están siendo cada vez más cuestionados. El martes, una explosión en un mercado de fuegos artificiales causó una tragedia en México. Aquí, oficialmente están pidiendo que la gente no use pirotecnia en Navidad y Año Nuevo por sus riesgos. Pese a todo, las empresas del sector aseguran que las ventas se mantienen.

La advertencia llegó por parte de la ministra de Salud bonaerense, Zulma Ortiz. “Todos los elementos de pirotecnia son peligrosos, por eso lo recomendable es prescindir de ellos, pero en caso de utilizarlos es fundamental no dejarlos en manos de los niños”, señala en un comunicado. En la misma línea, el Ministerio de Salud porteño pide “evitar el uso de pirotecnia, ya que siempre incluye un riesgo de accidentes” y sostiene que su manipulación “es potencialmente peligrosa, sean los fuegos artificiales autorizados o clandestinos”.

El gasto en pirotecnia puede ser enorme. Sobre todo teniendo en cuenta que las luces de colores duran un minuto o menos. Una torta de 19 tiros cuesta 280 pesos; una de 100, 1.400 pesos; y la especial de 200 tiros con más luz y color, 4.000.

En los últimos años vienen bajando los heridos durante las Fiestas. Sin embargo, según los datos de la Sociedad Argentina de Pediatría, por año más de 1.000 personas deben ser asistidas en el país por lesiones causadas por el uso de pirotecnia. De ese total el 50% son niños y de los adultos asistidos el 75% son varones.

Algunos municipios ya están limitando su uso. En Concordia, Entre Ríos, estas serán las últimas fiestas con fuegos artificiales. Una Ordenanza Municipal de “Pirotecnia Cero” fue sancionada con el voto unánime de todos los concejales y comenzará a regir en seis meses.

A pesar de todo, desde Júpiter y desde Cienfuegos dicen que se mantuvieron las ventas con respecto al año anterior. Aunque cambió el perfil: “hoy la gente compra un 90% de color y un 10% de estruendo”, cuenta a Clarín Sebastián Gallo, uno de los dueños de Júpiter. “Hace 20 años la pirotecnia se circunscribía a los petardos o explosivos. Ahora la tecnología permite desarrollar otros productos que son más lumínicos, con menos impacto auditivo, y es lo que la gente tiende a consumir. Aparte, el costo de eso ha bajado”, coincide Alejandro Paolini, vocero de la Cienfuegos.

Este año, los precios de fuegos artificiales aumentaron entre el 20 y el 25%. Pero igualmente, “el consumo no baja, ya está instalado en el pueblo argentino”, lanza Gallo. Aunque se detecta una variación: “hay claramente un aumento de los volúmenes de ventas de los productos más baratos”, señala Paolini.

Respecto a las campañas anti pirotecnia, las fuentes consultadas aseguran que no repercutieron en las ventas y consideran que las prohibiciones terminarían generando ilegalidad y clandestinidad. Lo mismo señala en un comunicado la Cámara Argentina de Empresas de Fuegos Artificiales (CAEFA): “Estamos convencidos de que el camino es a través de la concientización y no la prohibición de la venta de estos productos que, sin lugar a dudas, provoca la proliferación de productos clandestinos”.

El debate está instalado, con numeras opiniones y protagonistas. Para saber cómo influye en los vecinos y en las familias habrá que esperar al sábado a la medianoche. Y detenerse a mirar el cielo.

Cómo reducir los riesgos de la pirotecnia

Si vas a usar pirotecnia, hacelo en forma responsable. Palabras más palabras menos, ese es el mensaje que circula desde distintos sectores. En primer lugar, conviene saber que los fuegos artificiales deben pasar por ensayos técnicos, químicos y físicos. Recién entonces son clasificados como “de venta libre”. Por eso, la CAEFA pide usar y comprar solo pirotecnia autorizada por la ANMaC (ex RENAR). Esa leyenda figura en la etiqueta.

Hay que leer con atención las instrucciones. Los productos deben usarse en lugares abiertos, lejos de edificios. Nunca se deben introducir en frascos, latas, botellas, o cualquier otro tipo de recipiente. No hay que “experimentar” alterando el funcionamiento ni desarmando un artificio. Tenemos que apoyarlos en el suelo en superficies planas y lisas. Al encenderlos, nunca deben sostenerse con las manos, ni colocar ninguna parte del cuerpo sobre ellos. El responsable de prenderlos siempre debe ser un adulto.

¿Qué hacemos con las mascotas? El Instituto Pasteur recomienda aislarlas lo más posible para –debido a su gran sensibilidad auditiva– prevenir un estado de descontrol que las lleve a intentar escaparse. Trasladarlas a un lugar fresco (por ejemplo, un sótano) y en lo posible colocarles tapones en los oídos. Evitar el uso de tranquilizantes no indicados por un médico veterinario, dado que algunos pueden producir un efecto inverso al deseado.

En caso de producirse un accidente, el Ministerio de Salud porteño sugiere concurrir al centro médico más cercano o llamar al SAME (al 107). Lavar la zona lesionada con agua fría o helada para disminuir el edema y calmar el dolor. Nunca colocar cremas, pomadas, ungüentos caseros o medicinales. Cubrir la zona afectada con paños limpios, toallas o sábanas. Si se prende la ropa se debe sofocar el fuego envolviendo al accidentado con una manta o haciéndolo rodar por el suelo. Nunca debe caminar y menos correr.

La pirotecnia puede alcanzar el doble de decibeles de lo que el oído puede soportar: una bomba de estruendo alcanza los 190 decibeles y un mortero los 145 decibeles, mientras que el oído tiene la capacidad de tolerar sonidos hasta 90 decibeles sin que se produzca daño.

Según Ezequiel Laborde, médico otorrinolaringólogo del Hospital Británico y asesor de Gaes, la exposición puede lesionar estructuras del oído interno y generar hipoacusia, zumbidos, dolor, sangrado y alteraciones del equilibrio. Ante alguno de estos síntomas, hay que consultar a un especialista en forma inmediata.

Los estruendos afectan principalmente a los niños autistas, bebés, adultos mayores y personas con hipersensibilidad auditiva. También a las mascotas, por lo que Bayer Sanidad Animal lanzó una campaña que propone cambiar el festejo con pirotecnia por música y baile.

Fuente: Clarin