Lo afirma una encuesta der la red social Second Love. Es por el efecto de la rutina y la pérdida de espontaneidad.

Hay que besarse más. Es un hábito íntimo, erótico y amoroso, que nos conecta y brinda bienestar. Es tan importante, que hasta tiene un “día mundial”, que se celebra hoy. Se estableció para recordar el récord del beso más largo del mundo, conseguido en 2011 por una pareja de Tailandia: 46 horas. Dos años después, ellos mismos se superaron: estuvieron 58 horas seguidas con los labios unidos.
Demasiado lejos de aquella hazaña quedan los matrimonios actuales. Según una encuesta realizada por Second Love, una red social para infieles, las parejas “formales” se besan menos que las “clandestinas”. Los usuarios de la plataforma afirman que los besos con sus amantes son más intensos y apasionados que con la persona que los espera en su casa.

Lo más triste es que no hay que esperar demasiado tiempo para que el acercamiento decaiga. En el sondeo, tanto hombres como mujeres manifestaron que durante la primera etapa de su matrimonio había más pasión en la pareja y los besos eran cotidianos. A partir de los tres años de relación, la cifra comienza a descender: apenas el 25% besa a su marido o esposa con frecuencia.

 

Los expertos coinciden en que las relaciones “prohibidas” tienen un plus pasional. “Si aparece un amante, el beso puede recuperar el valor perdido”, lanza Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo, en diálogo con Clarín. “La conducta infiel despierta más sensaciones placenteras por el hecho de que la transgresión desinhibe. No hay tantos tapujos como los que la relación ‘formal’ suele provocar”, agrega.
“Con un amante es como más teatral, a lo mejor tiene que ver con una cosa más pasional. En el matrimonio, a veces lo que se va perdiendo es la espontaneidad, la urgencia en el encuentro con el otro. Cuando estás en la cotidianeidad, el encuentro se manifiesta de otra forma”, opina Ana Delgado, psicoanalista y miembro titular en función didacta de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

Luego de 3 años de relación, sólo 1 de cada 4 parejas se besa con frecuencia
Una pareja se besa durante el concurso del beso más prolongado debajo del agua, en 2010 (EFE).

La rutina es, entonces, el primer enemigo a vencer. “El paso del tiempo en una pareja los desafía a encontrar sensaciones nuevas para mantener encendido el deseo. Es fundamental no dejar que la rutina sexual avance”, sostiene Ghedin.
El beso es un contacto intenso. Nos une al cuerpo del otro y nos ayuda a conectarnos con el placer propio que se despierta. Estimula la secreción de oxitocina que ayuda al apego y libera endorfinas que dan sensación de bienestar. “Es una manifestación afectiva muy importante. Tiene mucha carga erótica y amorosa. El mejor beso es el que incluye las dos cosas”, concluye Delgado.