La mayoría, sin embargo, dice que este tiempo le alcanza. Los más estresados son los que peor descansan, lo que aumenta su nivel de estrés.

Dormir es una necesidad fisiológica, de la que no podemos prescindir. Pero además de la necesidad, tener un buen descanso es sumamente placentero y beneficioso para la salud. Sin embargo, el ritmo de vida actual está reduciendo cada vez más la cantidad de horas promedio que dormimos por día. Esto se debe a múltiples factores: uno de ellos, y muy importante, es el estrés. El sueño y el estrés se combinan de manera tal que la falta de uno y el exceso del otro conforman un círculo vicioso donde el estrés afecta la calidad del sueño, y la falta de sueño provoca más estrés, o viceversa. El resultado es siempre el mismo: peor calidad de vida.

Precisamente, sobre esos dos tópicos se indagó en un reciente sondeo que realizó la consultora Poliarquía en sociedad con Prosanity –al que tuvo acceso Clarín- para intentar poner en cifras cómo dormimos los argentinos. La encuesta concluyó que “el 51% duerme 6 horas o menos por día, valores que están por debajo de los recomendados por los especialistas para alcanzar un descanso reparador”, indica el sondeo. De ese 51%, el 44% afirmó que duerme entre 4 y 6 horas, mientras que el 7% dijo que duerme menos de 4 horas diarias.
“La tendencia a dormir pocas horas se intensifica en la población que tiene niveles altos de estrés”, afirma el estudio. De hecho, 7 de cada 10 personas que tienen altos niveles de estrés duermen 6 o menos horas. “Quienes tienen mayores niveles de estrés tienen menor calidad y cantidad de horas de sueño”, afirma el doctor Daniel Lew, médico clínico del CEMIC y miembro de Poliarquía que dirigió este estudio.

Lo paradójico del sondeo es que si bien la mayoría de los consultados dijo dormir 6 horas o menos, el 52% afirma que siempre o casi siempre percibe que las horas que ha dormido le resultan suficientes. No obstante, el 48% restante cree que sólo a veces, nunca o casi nunca las horas de sueño le resultan suficientes para recuperar las energías.

Pablo López, psicólogo y coordinador del programa de Insomnio de Ineco, coincide en que cada vez se duerme menos. Y el estilo de vida actual tiene su cuota de responsabilidad. “La vida urbana impacta en el sueño, es un factor de estrés casi universal y está vinculado a menor calidad y cantidad de sueño”, dice López. Para esta encuesta consultaron a 1.428 personas, mayores de 18 años que viven en 40 localidades del país, todas de más de 10.000 habitantes.
En los últimos años se sumó a la ya ajetreada vida urbana otro factor que resultó ser un enemigo del buen descanso: la tecnología. “La inclusión de los dispositivos tecnológicos y su uso como método para desconectarnos de la vida diaria hacen que extendamos el uso, con lo que nos queda poco tiempo para dormir, con el agregado de que son dispositivos lumínicos, que generan una activación atencional muy fuerte”, añade López.

Si bien no se puede establecer exactamente cuántas horas de sueño son las ideales (porque cada persona es diferente), lo cierto es que en los últimos 40 años la población mundial redujo entre una y dos horas su sueño. “La pauta para saber si dormimos lo suficiente es que nos alcance para mantenernos activos, concentrados y que el sueño no nos impida desarrollar nuestra actividad normal”, afirma la neuróloga Silvia Leiva, miembro de la Unidad de Sueño de Fleni. Sin embargo, advierte: “Se le está dedicando menos tiempo al sueño. Estamos más conectados que hace unos años atrás, hiperestimulados, y no respetamos nuestro ritmo biológico. El dormir cumple una función fisiológica importante, estamos programados para dormir”.
Tanto es así que un problema muy frecuente es el insomnio o las dificultades para conciliar el sueño, y la búsqueda de ayudantes externos para conseguirlo. En la encuesta también indagó sobre el consumo de medicación para inducir el sueño, ya sea recetada o de venta libre. Y el resultado fue que 46% de los argentinos recurre, con distinta frecuencia, a este tipo de medicación para alcanzar o mantener el descanso nocturno. A su vez, detectó que casi el 60% de las personas que poseen alto estrés utilizan medicación para dormir.

Leiva advierte que esa cifra es muy elevada. Y agrega que “la medicación deben ser utilizada por periodos cortos. Si tomamos pastillas enseguida porque no podemos dormir, estamos tapando algo”, dice.

“Cuando no puede dormir, la gente tienen tendencia a recurrir a una pastilla, por lo que hay mucha automedicación y sobremedicación. Pero indicación es otra. Tal vez no puede dormir por falta de hierro o de vitaminas”, añade Leiva y concluye: “Los problemas de sueño son fáciles de solucionar, si les prestamos atención”.